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domingo, 14 de diciembre de 2014

Capítulo 7: Preguntas que responder

Caminamos sin descanso hasta que el sol estaba alto, estábamos demasiado cansados para continuar. Hacía un calor sofocante, los pies nos dolían de andar en un terreno lleno de piedras y habíamos tenido que huir más de una vez de los monstruos. Tampoco habíamos hablado en todo el trayecto por lo que no tuvimos ni esa distracción. La situación estaba tan tensa que podía cortarse en cualquier momento y tenía que hacer algo para remediarlo.
- ¿Os ha comido la lengua la quimera? Sé tenéis preguntas y que no nos sentimos a gusto unos con otros -dirigí una mirada a Ian y a Will porque, mientras andábamos, me di cuenta de que se miraban entre ellos con recelo-, pero estamos juntos en esto y, aunque no lo creáis nos necesitamos. O eso ha dicho la profecía. Es hora de las preguntas.
-  ¿Cómo lo conociste?- comenzó Emily segundos después de terminar de hablar. La miré enfadada.- A ver, no quiero decir ni que tengáis una relación ni nada de eso, pero tengo curiosidad. Es muy raro que de la noche a la mañana os convirtáis en los mejores amigos para siempre- al decir esto último se le ensombreció la cara. 
- Luchando. Ella se ofreció a entrenarme porque por las noches se desvelaba y necesitaba algo para desahogarse -dijo Will antes de que contestara. Supongo que pensaba que si respondía podía ser demasiado mordaz.
- Nos podías contar a todos qué paso la primera vez que visteis al oráculo. Emily y yo solo lo sabemos parte de ella por los rumores y, algunos, son unas verdaderas ton- ¡AGÁCHATE!
 Antes de que mi cerebro pudiera obedecer esa simple orden, algo grande y duro me golpeó la cabeza e hizo saliera por los aires y que chocara contra un árbol. Oí gritos hasta que perdí la conciencia.
 

 

Capítulo 6: La bendición

Habíamos vuelto a nuestras cabañas corriendo lo más silencioso posible porque, a pesar de que sabíamos que el Señor D dormía más que un lirón, no podíamos arriesgarnos a que nos pillara ahora. Si se tenía que dar cuenta que lo hiciera después de haber salido de aquí.

Busqué mi mochila y, cuando la encontré, guardé toda mi ropa según la cogía. Iba a infringir mi regla de ser ordenada solo por esta vez, ya me quejaré de lo arrugada que estará. Le pedí a mi mellizo que me diera de nuevo mi estuche de rayos y la Égida (también me la había quitado por miedo de qué se la arrojaba a algún mestizo). Esperé a que Jason terminara de empaquetar su equipaje y salimos de la cabaña para reunirnos en el árbol de Thalia. Cuando llegamos ya estaban todos allí y, antes de emprender nuestra aventura, les dije que se adelantaran, que tenía que hacer una cosa antes sola. Me miraron extrañados, pero pronto Jason y Will se dieron cuenta de lo que me pasaba así que me dejaron sola obligando a que los hijos de Poseidón los siguiera.

Cuando por fin estuve sola, acaricié su rugoso y húmedo tronco (por las mañanas, el campamento estaba rodeado de una fina niebla que dejaba a su paso un rastro de rocío) mientras que lo miraba con tristeza.

- Thalia, hermana mía, esta es mi primera misión, aunque no sé si se puede llamar así cuando no nos la han concedidos- me sonreí-, pero quería que me dieses tu bendición. Sé que estás viva y que, si pudieras hablar, me darías buena suerte. No sé si voy a volver… pero espero que me vaya bien. Hasta luego Thalia.


Me aleje corriendo en busca de mis amigos, aquí comenzaba mi aventura.

viernes, 31 de octubre de 2014

Capítulo 5: Quién tiene razón

 La profecía me había dejado muy confusa, la otra vez que se presentó no dijo nada de que tenían que ir cinco mestizos, ¿por qué había vuelto y añadía nuevos requisitos? No pude continuar divagando porque sonaron unos pasos detrás de mí. ¿Me habrían encontrado las arpías? Empuñé con fuerza la espada y me di la vuelta encontrándome con Ian y Emily y otros mestizos de Poseidón y, detrás de ellos, se encontraban Jason y William.
-  Sam… no me digas que esa niña que nos hemos encontrado Ian y yo la cabaña era la misma que os encontrasteis tú y Jason cuando llegasteis.- tartamudeó Emily, un hijo de Poseidón. Asentí.- Entonces teníais razón.
-  Pues claro que tenían razón idiota con patas- gruñó Ian enfadado.- Te dije que la tenían, pero por supuesto tuviste que creer al Señor D. Lo que no entiendo es que hacéis aquí, hermanos. Si queréis ver un espectáculo ir a la cabaña de Ares.-dirigió una mirada de odio hacia los demás de Poseidón. Ellos, que lo temían, se dieron la vuelta y se fueron fuera. Volvió a mirarme- Sam, siento de verdad no haber estado junto a ti, pero cada vez que me quería acercar a ti Emily me paraba los pies. Ya sabes el miedo que le tiene a Dionisio.
-  Creo que ese tema no es muy transcendental ahora, nos acabamos con una niña que nos ha predicho una profecía y creo que eso tiene más importancia. Jason cuéntanos de nuevo lo que os dijo cuando se presentó a vosotros por primera vez.- mi hermano obedeció a Will lo volvió a contar con las mismas palabras que la primera vez.- Lo que yo no entiendo es ¿por qué nos habrá dicho a nosotros?
 Nos quedamos callados los cinco y nos sumergimos en el mar de nuestros pensamientos. Entendía la razón de por qué había elegido a Will (teníamos que ir al inframundo y él es el único que podía entrar y salir sin peligro), pero, ¿por qué a los demás? Conté mi impresión a los demás y coincidieron con ella. Entonces Jason propuso que lo único que podíamos hacer es intentar cumplir la profecía y que ya sabríamos por qué nos habían elegido a los demás.
-  No podemos esperar a que venga a Quirón, nos queda mucho camino y muy pocos días así que tenemos una hora para prepararnos, saldremos del campamento antes de que amanezca. Por supuesto, Dionisio no debe saber nada así que hacer el menor ruido posible.

Capítulo 4: La niña

 La lluvia amainó a las once de la noche y hasta entonces no me separé de Will. Mientras paseábamos por el campamento evitando a los demás, le conté todo el dolor que tenía guardado dentro de mí: lo mal que me sentaban que me llamaran mentirosa, lo de Emily e Ian, lo raro que estaba el campamento… incluso le conté lo de la profecía y las ansias porque regresara Quirón. Él me escuchó y cuando veía que iba a volver otra vez a llorar me abrazaba y me susurraba que todo estaría bien. Eso es lo que más necesitaba en ese momento.

 Cuando nos tuvimos que marchar a nuestras cabañas nos abrazamos de nuevo y, en un arrebato de cariño, le di un beso en la mejilla. No soy de darlos desde que ocurrió eso, pero se lo merecía. Me encantaría pasar otra de esas tardes lluviosas (o sin serlo) junto a él.

 Me paré delante de mi cabaña y pensé en la forma que reaccionaría mi hermano. Jason era un completo misterio, aunque seguramente que me pegaría. Abrí la puerta y me lo encontré sentado delante de una ventana mirando a fuera.

-  ¿Sabes lo preocupado que estaba por ti? Te he buscado por todo el puto campamento y no estabas por ningún lado. Creía que se te había ocurrido salir fuera y que te habían matado- dijo esto sin separar su mirada de la ventana. De repente se levantó y se acercó a mí. Me preparé mentalmente para el golpe, pero en vez de eso me abrazó.- Lo siento por no haberme dado cuenta de cómo estabas, pero por favor, no vuelvas a hacer eso- susurró en mi oído. Volvieron las ganas de llorar, pero esta vez no las deje correr.

-  No pasa nada hermanito. Yo tampoco soy de decir como estoy, lo único que me ha dolido es que te hubieras convertido en otro más de ellos. Si estuviera enamorada de Will serías el primero en enterarte, aunque ya sabes que yo nunca lo volveré a estar.- temblé al recordarlo.- Deberíamos dormir o sino mañana no podremos levantarnos.

 Nos separamos y después de prometerle un millón de veces que ya estaba mejor no fuimos a la cama. A pesar de que Jason no tardó nada en dormirse, yo no pude. Como la vez que conocí a Will me levanté y me dirigí a la Arena. Esta vez no iba a luchar sino que quería estar un rato sola y sabía que no habría nadie (Will me había dicho que hoy no iría a entrenar). Cuando estuve dentro cerré las puertas y comencé a pasear entre todas las armas. Hoy no lucharía, pero aún así cogí una espada, quería sentir su peso.

 El aire se hizo más pesado y una espesa niebla inundó el pabellón. Igual que cuando volvimos al campamento mi mellizo y yo, escuché el lloro de una niña pequeña. La busqué y la encontré en una esquina era la misma niña. Me miró y de nuevo se le iluminaron los ojos.


-  Doce días quedan para la vuelta de la criatura a la vida. Quince para que el señor del tiempo y la criatura se encuentren. Para detener su regreso, a la laguna Estigia tenéis que viajar y encontrar el alma. Cinco hijos de los tres grandes tendréis que viajar: dos de Poseidón, dos de Zeus y uno de Hades. Solo a aquellos a los que me presente podéis ir y solo a aquellos podrán impedir la unión. Presentaros en la Arena.

Capítulo 3: Ven aquí

 Después del encuentro con Will los días se hicieron más cortos. Ya no guardábamos las distancias y ahora se juntaba conmigo. Era mucho más simpático y gracioso de lo que esperaba y, a pesar de que esa aura oscura que siempre le acompañaba no desapareció, empezó a sonreír y reírse. Los campistas (incluyendo a mi hermano) se extrañaron mucho al vernos juntos.
-  Samantha, ¿no hay nada que me tienes que decir sobre Will?- me preguntó un día en el comedor.
-  Por favor, tú también no. No es mi novio, ni mi follamigo, ni ninguna de esas estupideces que dicen ahora. Somos amigos, SÓLO eso. ¿POR QUÉ este jodido mundo cuando conocen a alguien SÓLO se fija en su apariencia? He descubierto que es un chico increíble a pesar de ella- grité levantándome de la mesa y pegando un puñetazo en la mesa. Todas las personas dejaron de hablar y pusieron toda su atención en mí. Aproveche esto y continué con mi discurso.- ÉL ha sido el único que se ha preocupado de CÓMO me siento, NO como otros a los que creía amigos que han visto que mi “reputación” ha empeorado se han ido alejando de mí a pasos agigantados.- dirigí mi mirada hacia Emily y Ian que ella agachó la mirada avergonzada y él me siguió mirando.- Todos estos años os habéis perdido a la mejor persona del mundo, pero claro seguir con vuestras vidas y seguir juzgando que eso se os da de lujo.
 Me levanté enfurecida de la mesa y salí echando humo de allí. Me dirigí hacia el único lugar donde me sentía normal: junto a mi hermana Thalia. Nadie me había parado así que llegué en nada y me tumbé junto al árbol. A pesar de que algunos pensaban que Thalia estaba muerta yo no me lo creía. Cuando la hablaba siempre me contestaba moviendo sus ramas ligeramente. Por eso le conté mi problema esperando que me contestara.

 Cuando terminé me quede mirando el cielo viendo como las nubes negras se agrupasen. Esperó que lloviese un poco, odiaba el calor y deseaba con todas mis ganas sentir la lluvia en mi piel y escuchar el sonido de los rayos. Como si mi padre me hubiera escuchado me cayó una gota en la mejilla y después de esa otra en el muslo y a partir esa miles más me tocaron. Oí como los campistas gritaban por la lluvia y se refugiaban en sus cabañas y solté una pequeña risilla.
- Por lo menos te ríes. Espero que lo que dijeras en el comedor fuera verdad.
 Me di la vuelta y me encontré a Will calado. Su pelo oscuro le caía empapado sobre la frente y casi no se le veían los ojos recordándome a un perro. A pesar de lo enfadada que estaba con el mundo me sacó otra sonrisa.
- Veo que eres el único que ha venido a buscarme. De Emily e Ian me lo esperaba, pero de Jason…- susurré cogiéndome las rodillas volviendo a mi estado.- ¿Cómo sabías que estaba aquí?
- Te están buscando, no solo Emily, Ian y Jason, sino más gente. Lo que pasa es que he sido el primero en encontrarte. Al principio fui a por ti a la Arena porque pensaba que querrías descargar todo tu odio contra alguien,- me reí con su propuesta, era demasiado acertada- luego fui a tu cabaña por si acaso te encontraba llorando como una magdalena, que lo haría una chica normal- le traspasé con la mirada-, pero finalmente pensé en lo importante que es para ti la familia, así que se me ocurrió venir aquí.  Y luego me llama idiota..- se sentó y apoyó su espalda contra Thalia.- ¿No tienes frío?
- Estoy acostumbrada a la lluvia, a veces es lo único que consigue calmarme y el sonido de los rayos me relajan.- susurré en voz casi inaudible.- Deberíamos irnos o pillarás una pulmonía.
Will se levantó, se acercó a mí y abrió los brazos.

- Ven aquí tonta y llora, sé que todavía no te has desahogado- Me apoye en su hombro y dejé que las lágrimas bañaran mis mejillas. El sonido de mis sollozos acompañó a la lluvia y, por fin, Thalia me contestó.

Capítulo 2: Will

 Fueron pasando los días sin ninguna novedad de Quirón. Después de que pasara una semana y aún los campistas (sobre todo los de la cabaña de Ares) y Dionisio se seguían riendo de nosotros. Intentaba aguantar todas mis ganas de lanzarme sobre ellos y Jason me había obligado a darle mi estuche de rayos, sino a más de uno ya estaría frito. Las personas que más me dolía que se burlaran de nosotros eran los mestizos de Poseidón. A ver siempre habíamos tenido nuestros roces, pero me llevaba bien con ellos y  Emily e Ian eran como mis hermanos. Aunque no se reían de mí tampoco impedían hacer que sus hermanastros lo hicieran. Ya no nos dirigían la palabra, ahora éramos tan marginados como los hijos de Hades.

 Jason y yo acabamos por separarnos de todos y a me dolía que las cosas hubieran acabado así. Una noche que no podía dormir me levanté de la cama y me vestí y salí de la cabaña. Necesitaba descargar toda la energía negativa que llevaba acumulada desde que me había despertado por la mañana. Jason seguía roncando como un búfalo así que intenté hacer el menor ruido posible, este chico al mínimo sonido se despertaba. Salí de la cabaña y corrí hacia la Arena con cuidado de que las arpías no se percataran de mi presencia.

 Cuando llegué no me esperaba encontrarme a Will entrenando. Me escondí y observé como lanzaba estocadas contra un muñeco. Su técnica era torpe, pero había mejorado desde el año pasado que ni siquiera se atrevía a empuñar una espada.

 Will tendría unos 17 años y como la primera vez que se presentó en el campamento estaba rodeado de un aura oscura. Esa misma era su salvación y su maldición porque a la vez que lo protegía de posibles atacantes le alejaba de los demás. Nunca le había visto acompañado de nadie, ni siquiera de sus hermanos.
- Buenas noches, Samantha, ¿no deberías estar dormida con tu querido hermano? Si te vieran conmigo seguro que tu reputación empeoraría más de lo que es ya por mentirosa.
- Buenas noches. Me he desvelado y lo mejor que puedo hacer en vez de dar vueltas en la cama es ejercitarme un poco- dije apareciendo desde las sombras y comenzando a estirar mientras él seguía practicando.- Mi reputación no ha empeorado, sino que las mentes de los demás están siendo manipuladas por el Señor D. Además, la gente debería saber que tener buena o mala reputación me la suda, pero cambiemos de tema, veo que has mejorado mucho, hijo de Hades. Antes no eras ni capaz de sujetar bien una espada.
-He estado practicando, no me gustaría que mi padre tuviera un hijo inútil. Aunque luchar contra un muñeco no es que digamos un gran desafío, nadie quiere practicar conmigo así que es lo que me queda. ¿Quieres ver cuánto he mejorado o prefieres ser como los demás y pasar de mí?- me retó con voz aún más oscura de lo normal.
Acepto el reto y cojo un escudo y una espada. Me sitúo delante de él y nos miramos a los ojos y sonrío sarcásticamente. Comienza la lucha. Corre hacia mí e intenta una darme en el brazo derecho, pero rápidamente me protejo. Antes de que pueda recuperarme de su golpe intenta una arriesgada estocada en mi tobillo que esta vez si que me acierta. Me muerdo el labio para no gritar. Ahora es mi turno. Antes de que se recupere le hiero el hombro obligándole a tirar el escudo y me acercó a él y le clavo mi codo en el estomago consiguiendo que se encoja de dolor. Le vuelvo a herir la mano y tira la espada. Antes de que consiga cogerla de nuevo la doy una patada lanzándola lejos y apuntó mi espada a su cabeza.
- Por un momento me tenías a tiro, pero tardas mucho en recuperarte y ese has sido tu mayor error. Podría entrenarte, si me dejas claro- ¿qué acababa de decir? ¿En serio había dicho eso? Ya no puedo corregirme, lo dicho, dicho estaba.
- Me vendría bien así que acepto, hija de Zeus- aceptó sonriendo. 

lunes, 20 de octubre de 2014

Capítulo 1: La profecía (Completo)

 Cuando atravesamos la gran puerta no me esperaba encontrarme con una espesa niebla rodeando el campamento. No se veía ni una sola luz y hacía un frío horrible, una cosa muy extraña ya que estábamos a mediados de un Junio bastante caluroso. Ahora mismo maldecía a mi madre por obligarme a ponerme estos pantalones cortos. Sin evitarlo, empecé a tiritar en el sitio y Jason, al darse cuenta de mi estado, me recomendó cambiarme de ropa. A regañadientes le hice caso no sin antes decirle que se diera la vuelta. Después de enfundarme mis queridos vaqueros decidimos adentrarnos en el campamento, tenía curiosidad por saber qué estaba pasando.

 Según fuimos avanzando noté que el ambiente estaba cargado de amargura y desesperación. De repente percibí unos sollozos un poco más adelante de mí y decidida, apreté el paso. Quien lloraba era una niña pequeña que estaba escondida detrás de nuestra cabaña. Despacio, me acerqué a ella y cuando intenté tocarla se le iluminaron los ojos y con una voz muy grave susurró:
- Bajará de nuevo la cortina de humo que ocultará la vista de los héroes que traten de ganar. Un ser que muy antes había desaparecido vuelve a surgir y ayudará al señor del tiempo en su regreso. Los semidioses acompañados de un sátiro encontrarán la daga maldita y segarán el destino de la criatura. Solo el héroe que escucha este mensaje logrará destruirla; el otro hijo de los tres grandes deberá morir para que esta profecía se cumpla.
 Entonces la niña volvió en si y cuando hice un amago de cogerla se volatilizó delante de mis ojos. Miré extrañada a Jason, que me correspondió con la misma.
- Samantha, tenemos que hablar ya con Quirón. 
 Dicho esto me agarró de la muñeca y me obligó a correr sin parar con todas mis fuerzas hasta que llegamos al comedor. Allí encontramos a todos los mestizos junto al Señor D, pero no había ni rastro del centauro en el lugar. Nos acercamos a unos cuantos amigos campistas, que nos saludaron y nos abrazaron (algunos con demasiada pasión), para preguntarles donde se encontraba, mas ninguno tenía idea. No nos quedaba otro remedio de preguntarle a él, aunque a ninguno nos hiciera gracia.

 Y allí estaba el Señor D junto a su típica botella de vino y su copa de refresco. No me puedo imaginar el castigo que debe sufrir el dios de la vid sin poder beber su bebida favorita, pero claro si no hubiera perseguido a las ninfas borracho esto no hubiera pasado. Después de todos estos años mi padre no ha aflojado nada la soga. Sin duda de alguien he tenido que sacar mi cabezonería. Nos acercamos a él y cuando nos tuvo a punto de mira nos echo su representativa mirada de despecho.
- Mira quiénes han llegado por mala suerte de nuevo al campamento, la señorita Sabana Perks y el señor James Gretel. ¿No os habéis encontrado con nada que os haya dado el suficiente miedo como para volver a vuestras casitas? Creía que por ser hijos de Zeus tendríais un "olor" más intenso.
- ¿Va a seguir cambiando nuestros nombres toda la vida? Nos llamamos Samantha Parks y Jason Grace, ya lo sabe así que no intenté de aparentar que lo desconoce- dijo Jason intentando serenarse. Odiaba que le cambiarán el nombre.- Vamos al grano porque tanto usted como nosotros queremos seguir con nuestras vidas cuanto antes, ¿sabe dónde está Quirón?
- Se fue a hacerle una pequeña visita a sus familiares hace ya unos días. No sé cuando volverá, pero cuando lo haga le ajustaré las cuentas por dejarme solo con los problemas hormonales de todos estos niños.- gruñó Dioniso vertiendo vino en su copa. Ilusionado porque el contenido de esta no se había convertido en agua la agarró y rápidamente la llevó a sus labios, más cuando tragó no le supo al delicioso sabor de las uvas fermentadas sino al sinsabor del agua. Dirigió una mirada de odio hacia nosotros como si fuéramos los responsables por ello.- Tan poco creo que lo que le tengáis que contar sea de gran importancia.
 De nuevo crucé una mirada con Jason transmitiéndole aquello que no tenía ganas de hacer. No teníamos más remedio que contarle todo al Señor D. Cuando terminamos de relatárselo soltó una carcajada demasiado sonora que alertó a todos. Nos acusó de desesperados porque en todos los años que habíamos pasado en el campamento nunca nos habían asignado una misión (llevábamos desde que teníamos él 12 y yo 10) y de mentirosos. Esto último me dolió como si me hubieran clavado una lanza en el pecho, odiaba que me llamasen así. Lo odiaba desde...

 Me hubiera lanzado a por el dios si mi hermanastro no me hubiera cogido del brazo y me hubiera alejado del lugar para hablar a solas. Me susurró que no quería que montará ningún revuelo que cuando volviera Quirón hablaríamos con él. Me obligó a prometerlo ya que, a veces, era demasiado impulsiva y conociéndome seguro que me abalanzaría sobre alguien a la mínima que se rieran de mí. Teníamos que aguantarnos de los insultos de la gente y de todas las críticas y  burlas del Señor D.

 No sé si lo conseguiría, pero lo intentaría solo para que, cuando llegase Quirón, poder cerrarle esa bocaza a Dioniso.

*   *   *
Esta mañana revisando el capítulo me he dado cuenta de que me había quedado muy descolgado y que era incluso más corto que el prólogo. Por eso hoy he tratado de arreglarlo lo mejor posible.

sábado, 18 de octubre de 2014

Capítulo 1: La profecía

Cuando atravesamos la gran puerta no me esperaba encontrarme con una espesa niebla rodeando el campamento. No se veía ni una sola luz y hacía un frío horrible, una cosa muy extraña ya que estábamos a mediados de un Junio bastante caluroso. Ahora mismo maldecía a mi madre por obligarme a ponerme estos pantalones cortos. Sin evitarlo, empecé a tiritar en el sitio y Jason, al darse cuenta de mi estado, me recomendó cambiarme de ropa. A regañadientes le hice caso no sin antes decirle que se diera la vuelta. Después de enfundarme mis queridos vaqueros decidimos adentrarnos en el campamento, tenía curiosidad por saber qué estaba pasando.

Según fuimos avanzando noté que el ambiente estaba cargado de amargura y desesperación. De repente percibí unos sollozos un poco más adelante de mí y decidida, apreté el paso. Quien lloraba era una niña pequeña que estaba escondida detrás de nuestra cabaña. Despacio, me acerqué a ella y cuando intenté tocarla se le iluminaron los ojos y con una voz muy grave susurró:
- Bajará de nuevo la cortina de humo que ocultará la vista de los héroes que traten de ganar. Un ser que muy antes había desaparecido vuelve a surgir y ayudará al señor del tiempo en su regreso. Los semidioses acompañados de un sátiro encontrarán la daga maldita y segarán el destino de la criatura. Solo el héroe que escucha este mensaje logrará destruirla; el otro hijo de los tres grandes deberá morir para que esta profecía se cumpla.
Entonces la niña volvió en si y cuando hice un amago de cogerla se volatilizó delante de mis ojos. Miré extrañada a Jason, que me correspondió con la misma.
- Samantha, tenemos que hablar ya con Quirón. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Prólogo: Un gran guerrero


- ¡Si quieres seguir vivo, aléjate de ese monstruo imbécil!- grité mientras corría para despistar al inmenso cíclope. Cuando el gigante dejo de perseguir a Jason y se fijo, al fin, en mí saqué la égida. Al verla retrocedió, tropezándose sobre su mismo pie y, aprovechando esta ocasión, saqué un rayo del estuche y se lo lancé.
- ¿Nunca te cansas de matar monstruos?- dijo sarcástico mientras levantaba una ceja divertido y salía de detrás de una enorme roca.
- ¿Y tú nunca te cansas que te salve tu culo una chica? No eres el más indicado para quejarte Jason, porque tanto tú como yo sabemos que si te esforzaras tanto en entrenar como en hacer el vago, serías un gran guerrero. Recoge tu equipaje, aún queda mucho camino por recorrer y no querrás que las arpías te hagan correr, ¿no?
Al oír eso pegó un salto y corrió a coger sus cosas. Estaba muy enfadada con él, le había visto luchar a escondidas y ¡por el amor de todos los dioses! ¡Si quisiera podía vencer hasta a Luke con los ojos cerrados! Sabía de sobra que lo que le sobraba de prepotencia era de valiente a pesar de lo que quiere aparentar. Por eso este año iba a hacer todo lo posible para que moviera el culo. No quería que un talento como el suyo se desaprovechara.

Avanzamos lo más rápido posible porque estaba empezando a oscurecer y no quería perderme la cena. Si eso ocurría ya podía venir mi padre Zeus que no iba a aplacar mi furia. Por fin vimos la entrada y la atravesamos. Espero que este año haya algo más de acción que el pasado, tenía ganas de seguir probando el estuche.